
Cuando pensamos en el conflicto de la guerra de Irak solemos pensar que allí se generan permanentemente enfrentamientos entre grupos dispersos de difícil identificación (llamados terroristas) y ejércitos convencionales representativos de un estado-nación (tropas británicas, norteamericanas, italianas, etc.). Sin embargo del lado occidental también se ha impulsado la presencia de grupos difíciles de identificar y de controlar. En este mundo globalizado donde todo tiende a ser privatizado y a venderse como una mercancía, la guerra no podía quedar exenta.
Las empresas privadas de seguridad comenzaron su auge luego de la finalización de la guerra fría. Durante la primera guerra del golfo (principios de 1990) uno de cada cien soldados era empleado de una de estas corporaciones. Algunos años después durante el conflicto de la ex Yugoslavia la proporción había pasado ya a uno cada cincuenta y actualmente se estima que en Irak existe un empleado de una empresa privada de seguridad por cada diez soldados de la coalición. Seguramente en los próximos años la presencia de mercenarios en el campo de batalla seguirá aumentando.
Sin dudas en Irak estamos asistiendo a una verdadera privatización de la guerra. Funcionarios iraquíes reconocen que hay más de 236 empresas privadas, extranjeras y nacionales (200 consideradas ilegales) de seguridad en el país. Con aproximadamente 30 mil efectivos estas conforman la segunda fuerza de ocupación en el país árabe por detrás de EE.UU. y por delante del ejercito británico. KBR (filial de la Hulliburton), Bincorp, CACI y Titán son solo algunas de las empresas contratistas de mercenarios más conocidas en el territorio iraqui. Obviamente los orígenes financieros de las compañías se encuentran en EE.UU. e Inglaterra mayoritariamente.
Lo que ha generado la privatización de la guerra es la presencia en combate de matones a sueldo encargados de cuidar instalaciones militares, funcionarios y aunque se intente ocultar de combatir. Estamos ante la presencia de hombres que por sueldos de hasta mil dólares por día solo pelean por su bolsillo haciendo uso y abuso de sus presas (así denomina a sus enemigos capturados). Ayudadas por un contexto de falta de control y fiscalización estas empresas cometen abusos contra la dignidad humana.

En 2004 CACI y Titán fueron acusadas de violaciones a los derechos humanos en la cárcel de Abu Ghraib, donde se comprobó que no solo llevaban a cabo funciones de seguridad sino que también participaban de los interrogatorios a los encarcelados, practicando métodos macabros para escuchar lo que querían. Estos “señores de la muerte” suelen provenir de países (Colombia, Chile, Perú, Sudáfrica entre otros) donde sus propios ejércitos no les pueden pagar lo que una empresa privada. Algunas corporaciones tienen campos de entrenamiento en estos países, donde se recluta hombres y se los entrena.
El beneficio para las fuerzas de la coalición de contar con estos mercenarios, es que sus muertes no pasan a formar parte de la lista de muertos del ejército norteamericano, por lo tanto no influyen negativamente ante la opinión pública mundial ni ante la sociedad norteamericana. Con la presencia de estas corporaciones podemos decir que si la guerra antes era mala ahora es mucho peor.